Un Mundo En Bicicleta

El cocinero de los invisibles

Puerto Iguazú al norte de Argentina es uno de los lugares más famosos del mundo a causa de las Cataratas que lleva su nombre.

Un lugar donde se genera millones de dólares en beneficios debido al turismo pero que la población ciertamente ve pasar de largo.

Donde la población tienen cortes de luz a diario, donde no llega el agua corriente a muchos puntos de la ciudad, donde cuando llueve se desborda el alcantarillado que en realidad discurre por la superficie y que en algunos barrios lleva las aguas negras.

En este entorno hay cientos de niños con problemas alimentarios, algunos de ellos con malnutrición.

Con un gobierno municipal y provincial propio de las mafias más recalcitrantes, el abandono de la ciudad  y de sus ciudadanos es evidente, no hay ninguna voluntad política honesta de mejorar la vida de sus gentes.

Tampoco el turismo tiene idea de que en los hoteles donde se hospedan están contaminando las familias guaraníes que habitan los alrededores pues estos hoteles no están depurando ni canalizando las aguas negras que salen directamente hacia la selva contaminando así los afluentes de los ríos, los habitantes de las inmediaciones  y la propia selva.

Todo este escenario me golpeará duramente . De quedarme maravillado por las cataratas paso a un estado de impotencia mientras me alojo como voluntario en un Hostel de la ciudad.

Pero quien me abre realmente los ojos de todo este contexto será Ricardo Aranda, un ciudadano sin más ambición que la de mejorar la vida de estas personas maltratadas por la indiferencia e injustamente tildados como aprovechados del sistema por recibir un poco de arroz.

Conozco a Ricardo en una manifestación de vecinos que piden el fin de la corrupción en la subida del recibo de la luz. Una estafa más a todos los ciudadanos de Puerto Iguazú donde se factura en los recibos hasta tres veces más de lo consumido. Aunque veo que hay un sector de la población que se manifiesta y está en pie de lucha mas tarde me daré cuenta que se trata de una minoría y que en realidad la población de Iguazú se siente impotente y resignada y vencida. También se intenta defender el entorno natural de las inmediaciones de las cataratas donde siendo espacio protegido de interés natural se quiere edificar un complejo turístico de grandes dimensione, una especie de Las Vegas para los visitantes de las cataratas y en plena  Selva con un bingo incluido, la codicia no tiene limites.

Observo que Ricardo coordina al grupo que se manifiesta y me acerco a preguntarle por la situación de lo que esta pasando. Este será el inicio de una amistad que perdura y que tengo claro perdurará.

Los días posteriores me acerco a su casa donde me invita para que conozca esos barrios dónde habitan las familias más pobres. Es el momento en que me doy cuenta de la dimensión de este hombre nacido en Iguazú con una honestidad, nobleza  y humanismo que me emociona.

 Al menos tres veces por semana se dedica a recolectar comida proveniente de donaciones para cocinar comida que nutra los frágiles cuerpos de los niños invisibilizados de Iguazú. Actualmente lleva comida hasta alrededor de 300 niños, niños que con su mirada triste despiertan un atisbo de luz y de esperanza. Ricardo tiene claro que lo que hace no es una solución a medio y largo plazo, que se esta dejando desnutrir y morir una generación de niños que una parte de la sociedad Argentina está repudiando cruelmente.

Las visitas que realizo a los barrios me paralizan,  dejar en manos de poderosos y miserables responsables políticos que condenan  la vida de familias a la pobreza para siempre tiene sus consecuencias. 

Mis esfuerzos por reunir comida en los hoteles para que los visitantes a las cataratas de Iguazú aporten insumos resulta infructuosa y lo poco que puedo hacer es ayudar a Ricardo y denunciar esta situación con mi fotografía y pensando en organizar un proyecto que ayude a mejorar la vida de estos niños. 

Me reúno con periodistas para intentar lanzar un publicación pero tienen miedo, están amenazados por las instituciones , las mismas que utilizan métodos propios de la mafia .

Ricardo llora de camino a los barrios en el coche donde vamos cargados de comida que ha cocinado durante toda la mañana. “Como es posible que se mire hacia otro lado?” Cómo podemos permitir todo esto? “Pregunta mirando el horizonte frente al volante mientras conduce.

Ricardo piensa que se puede mejorar y transformar la vida de estos niños y familias y sigue incansable en su esfuerzo para conseguirlo. Le propongo un proyecto de ayuda desde mi página web , donde toda la gente que quiera pueda aportar para primero alimentar a estos niños y más tarde  para empezar nuevos proyectos como la continuación de talleres que les permita elaborar  productos que puedan vender al turismo o como talleres para que las familias desarrollen métodos de permacultura que les permita obtener sus propios cultivos de subsistencia así como un voluntariado para viajeros.

De este modo nace la  idea de ir documentando  durante mi viaje luchas sociales y proyectos sociales donde a partir de mis fotografías y videos pueda llamar la atención e informar a las personas que se sensibilizan y quieran empatizar y  ayudar a realizar sociedades mejores.

“Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”

Elie Wiesel

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